María Fernanda Huerta Poblano

Hola! Soy Fer y tengo 32 años. Estudié psicología y ahora me dedico a la enseñanza trabajando con niños de kínder. Me encanta bailar, cantar y todo lo relacionado con el arte. En realidad es muy difícil acordarme de quién era antes de empezar a sentir mal. Esta ha sido mi vida desde que tengo memoria.

Cuando tenía 15 años, empecé a sentir dolores en las piernas y los brazos. Poco después comenzó la fatiga, me quedaba dormida en cualquier lugar a cualquier hora. Fueron meses hasta que me llevaron con un Reumatólogo y me diagnosticaron con Fibromialgia y Depresión. Al poco tiempo notamos unas manchas negras en mis axilas, entre piernas y alrededor del cuello. Hicimos análisis de sangre que la Dermatóloga nos mandó y me diagnosticaron con Resistencia a la Insulina. La Nutrióloga me ayudó a nivelar los niveles de glucosa e insulina, pero la sintomatología seguía ahí. Entonces mi mamá se empezó a mover y dimos con un francés que tenía unas máquinas que funcionaban por medio de energía. El fue la primera persona que me hizo ver que la enfermedad también tiene un factor emocional importante.

La sintomatología empeoró con el tiempo. Era una persona muy distraída, olvidaba todo, perdía todo. En la escuela no podía retener ninguna información. Tuve que aprender a adaptarme y ser flexible para lograrlo. Yo me sentía tonta. Mi habla podía ser lenta e inteligible. Esto me hacía sentir vergüenza, por lo que me aislaba y prefería no salir a eventos sociales. Está época de la adolescencia viví con una profunda tristeza la cual fue invadiendo mi vida con más fuerza al pasar de los años.

Durante estos años visité distintos doctores de medicina “alternativa” como Homeópata, medicina cuántica, lectura de aura, acupuntura, etc. Todos concordaban con una sola cosa: inflamación sistémica.

Debido a múltiples circunstancias que quedarán en otra historia, tuve que acudir a un Psiquiatra. Me recetaron Alprazolam. Esa pastilla fue mi primer enfrentamiento con la psiquiatría. Perdí mi sonrisa y las ganas de cantar. Sentí mi mundo volverse más negro. Toda la sintomatología que ya tenía empeoró, el cansancio, la neblina mental, la falta de concentración, el dolor del cuerpo, la espalda, subí de peso y además perdí 2 años mi menstruación.

Cuando regresé a México fuimos a ver a un Endocrinólogo. Este nos reafirmo el diagnóstico de Resistencia a la Insulina y Depresión. Me dieron Antidepresivos y una inyección que se llamaba Victoza (para diabéticos). Estuve inyectándome diario por al menos un año. También fui con el Ginecólogo y me diagnosticaron con Ovario Poliquístico. Ya que además de la amenorrea, se me empezó a caer el pelo en cantidades de miedo.

Después llegaron las palpitaciones intensas, sentía como si me fuera a morir. Se me apachurraba el pecho y no podía respirar. Toda mi sintomatología aumentaba por temporadas, pero siempre permanecía. Comencé a confundir las letras y a cambiarlas de lugar. Todo esto me llevó al Neurólogo (y sé lo que piensan, totalmente sueno hipocondríaca jaja, pero me sentía en una prisión mental). Me diagnosticó con Trastorno de Ansiedad Generalizado. Y otra vez, otra pastilla. Esta vez Prozac, lo que me dejó muerta en vida. Parecía zombie, luego me mandaron Escitalopram, lo que me dio síntomas de disociación y ataques de ansiedad severos. Luego me regresaron al antidepresivo que me dio el Endocrinólogo en un principio, el Wellbutrin.

Por esta época empecé con un dolor de espalda intenso, al punto de no poder respirar. Fui al Ortopedista  y resulté tener dos hernias de disco y varias contracturas musculares. Me fui al acupuncturista quien me salvó la vida aunque el dolor de espalda es algo que tengo todos los días. Otro punto importante es que siempre se me inflamaban los tendones de los pies de manera alteatoria. Se pronto se me inflamaban como si me hubiera torcido y no podía caminar.

En este proceso comencé a ir a terapia y aquí agradezco a Ali, por ayudarme a salir adelante. Recomiendo siempre una terapia CBT. Aquí descubrí que tengo el control de mi vida y decidí darle una segunda oportunidad a la vida. Me fui de intercambio, conocí el amor con mi primer novio y empecé a cuidar más a mi cuerpo. Aunque me sentía mal, el ir a terapia y estar en otro país me sentó muy bien.

Cuando regresé me dió un ataque de pánico y me fui al hospital. Después de eso me la vivía en cama, todos mis síntomas intensificaron, se me entumía la cara, los dedos, las piernas y subí 20kg de peso. Esta época fue muy difícil, pero gracias a Dios y a mi familia salí adelante. Gracias a ti, Ale, Dalva, Diego, Isaac y todos mis amigos por siempre brindarme su apoyo. Volvía a la psiquiatría porque volver a sentir ataques de pánico me daba “pánico”.

Pero bueno, después de aquel caos me regresé a la Ciudad de México con mis papás y me sentía de la patada, pero gracias a mi amiga Jeanine salí adelante, encontré trabajo y empecé a echarle muchísimas ganas, ejercitarme, dieta, meditaciones, etc.. empujé mi cuerpo a todo lo que daba y por no escucharlo caí de nuevo.

Después del Covid y la vacuna me empecé a sentir peor, pero nuevamente mis análisis de sangre lo único que mostraban era inflamación. En una ocasión tuve que irme a urgencias al hospital por Pielonefritis, Gastroenteritis Aguda y una infección Vaginal. Tenia a tres doctores atendiéndome: un Internista, un Urólogo y un Gastroenterólogo. Después de este tiempo comencé con un dolor en la rodilla, el cual se fue intensificando con el tiempo al punto de no poder pararme sin ayuda de un bastón o alguien. Ningún doctor me ha podido decir cuál es la causa.

Prometo que ya casi llego al final, bueno a lo que vendría siendo el comienzo porque desde que recibí mi diagnóstico mi vida cambio por completo. Gracias a la historia de Constanza, hija de Marisol (amiga de mi mamá) llegué con el doctor Adolfo, el cual me mandó hacerme unos estudios para la enfermedad de Lyme. Recibir un diagnóstico puede ser muy confortante y difícil al mismo tiempo. Se me quitó un peso de encima.

Buscar un tratamiento es una Odisea, hay tanta información y desinformación que uno tiene que tomar las riendas y averiguar por tu cuenta. Yo siempre estuve segura que antibióticos no era el camino y opté por uno más completo y funcional. Seguí con una doctora que utiliza medicina biológica. Dedicaré un post para hablar de la medicina biológica más a profundidad. En resumen ha sido un camino de aprendizaje, lleno de regalos. Aunque ha sido un impacto fuertísimo económicamente, que ha impactado mis relaciones personales, mi vida laboral y familiar, mis facultades físicas, emocionales, mentales, en verdad he podido navegar en él, entenderlo, rendirme a él y abrazarlo. Llevo ya 1 año y medio y voy mejorando, mis dolores han disminuido, ya no se me entume el cuerpo, mi estado de ánimo es mejor, mi claridad mental es mejor, siento que estoy más viva, más presente.

Cada día es un nuevo comienzo y la esperanza de sentirme bien siempre está presente. La verdad es que siempre he tenido un alma jarocha, de buen humor y fiesta. Siempre intento tener buena cara. Además he encontrado otras estrategias que me han ayudado a recuperarme y escuchar lo que hacen otros pacientes es también muy motivador. Lo único que puedo decir es que tu diagnóstico no es el fin, tú no eres tu enfermedad y le agradezco a los doctores que me han ayudado, a su equipo, a mis papás, mi familia, mi novio y a toda la gente que me ha guiado y acompañado en este proceso porque he salido campeona. Los amo y los llevo siempre en mi corazón.

Fer